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lunes, 14 de febrero de 2022

EN EL AMOR NO TODO VALE

 

Con motivo del 14 de febrero, el día en el que se conmemora San Valentín, queremos desmontar algunos de esos mitos del amor romántico con los que hemos crecido y con los que seremos bombardeados estos días; para ello, María, Alexandra, Daniel, Fátima, Noelia y Nuria, componentes del Equipo de Igualdad, han analizado una conversación de WhatsApp  entre miembros de una pareja. En las siguientes imágenes marcan y explican esas señales rojas a las que todos debemos prestar atención para reconocer las relaciones tóxicas y alejarnos de ellas.

ANALIZANDO UNA CONVERSACIÓN de Chon Caballero

miércoles, 10 de marzo de 2021

domingo, 7 de marzo de 2021

¿QUÉ COÑO ESTÁ PASANDO?

La capa de superwoman no vuela, y es que cuando una sociedad entera te hace sentir que no puedes, volar con los bolsillos llenos de piedras cuesta, y también asusta. Porque por mucho que quieran hacerte creer lo contrario, el feminismo no es una invención del capitalismo; así que basta ya de finales felices y de comer perdices y pongamos los puntos sobre las íes.

“Hace diez años habría dicho que no soy feminista”, y es que al igual que Ana Patricia Botín, probablemente ninguna lo habríamos admitido, porque es necesario reconocer que eres machista para poder cambiarlo. Mentiras, pánico, desigualdad, maltrato,  y un sinfín de palabras que han roto ese agujero negro llamado opresión, que han tirado al fondo del mar los zapatos de cristal, porque ya no son princesas, sino guerreras, mujeres que no necesitan ser salvadas, sino no necesitar salvarse. El feminismo no busca la primacía de la mujer sobre el hombre, busca la igualdad, porque al fin y al cabo, pertenecemos a la misma especie, merecemos la misma libertad y tenemos la misma meta.

Poco a poco, vamos desmantelando el gran tabú de la violencia de género. Los datos hablan por sí solos, de las 62 mujeres asesinadas en 2015, sólo 14 de ellas habían denunciado con anterioridad. Los datos del Informe de la Fiscalía General del Estado de 2016 revelan que durante 2015 de las 129.292 denuncias por violencia de género, tan solo un 0,0015% eran falsas. Dejemos de excusarlos, dejemos de intentar creer que las personas cambian, dejemos de dar oportunidades y actuemos, porque a pesar de la lucha, el maltrato todavía está ahí, porque siguen muriendo demasiadas mujeres a manos de sus parejas, aunque mejor dicho, siguen siendo asesinadas.

Cada vez somos más fuertes y vamos abriendo grietas en ese gran techo de cristal que nos desnivela económica y laboralmente, sobre todo en el ámbito privado, donde las mujeres llegan a cobrar hasta un 24% menos que los hombres. Cuando te dicen que tener un hijo te cambia la vida, no esperas tener que dejar de lado todo aquello por lo que has estudiado y luchado con uñas y dientes. Una pregunta frecuente en las entrevistas de trabajo es si tienes pensado tener hijos, porque ya se sabe, el 85% de los despidos por causas de maternidad son mujeres.

¿Hasta qué punto tienes el control de tu cuerpo? ¿Lo vendes porque quieres o por necesidad? Tenemos el control de nuestros actos, de nuestras elecciones en la vida y de los caminos que tomamos, o eso dicen. Pero sin embargo, si le preguntas a cualquier mujer que ejerce la prostitución, pocas de ellas lo han elegido por gusto. No es agradable sentirse un objeto, sentir que todo el mundo tiene poder sobre ti, ser un mero entretenimiento sexual del que tú ni siquiera disfrutas, recibiendo insultos, e incluso agresiones que llegas a normalizar. Y no nos engañemos, la industria pornográfica no está tan lejos de este mundo.

Dejemos de mirar para otro lado, porque la marea está bajando y eso solo significa que las olas vienen cada vez con más fuerza. Se acabó, esto se ha convertido en un grito colectivo que se está colando en lo más profundo del sistema para revolucionarlo todo. Porque el futuro será feminista o no será.

                                                          

                                                                            TERESA GENTO Y NURIA LOZANO 2º BACH B.


 

¿A QUE NO HAY HUEVOS?

La sociedad influye de tal forma en el ser humano que él mismo puede ser la sociedad.

Seguramente todo el mundo haya sido testigo o víctima de tener que actuar en base a unos estereotipos adjudicados a un determinado factor. Una realidad es que el ser humano es un animal social, un ente que necesita ser aceptado por el resto y un personaje superficial.

Podemos afirmar que existen hombres y mujeres, pero no podemos asegurar lo mismo en cuanto a lo femenino y a lo masculino, tan solo que unos y otros tienen un rol que deshacerse de él, y es más complicado de lo que parece. Simone de Beauvoir decía: “Mujer no se nace, se hace”, refiriéndose a que es la sociedad y sus circunstancias lo que hace que una mujer se convierta en tal porque se le atribuye un papel que libremente o no, tiene que desempeñar. Esto no ocurre solo con las mujeres, sino que también se da en hombres.

¿Miento si digo que todos hemos actuado de una forma que no queríamos? Precisamente esto es lo que ocurre con la falsa masculinidad y feminidad porque, en ocasiones, hacemos ciertas cosas por imposición y que están ligadas a lo mencionado anteriormente. “¿A que no hay huevos?”, “Venga, actúa como una señorita”. Estas son algunas frases introductorias a unos estereotipos en los cuales nos vemos encasillados. Puede ser cierto, y esto es una cuestión más complicada de determinar y de afirmar, que los hombres y las mujeres tienen por naturaleza un comportamiento distinto, pero aquí hay que detenernos porque una cosa es nuestra parte natural y otra es nuestro lado cultural. En el primero es lógico que somos distintos puesto que partimos de una morfología distinta e incluso nos diferenciamos en algunas hormonas que influyen directamente en nuestra actitud. El problema se encuentra en lo cultural, porque es en esta faceta donde nos vemos privados de una libertad psicológica, muchas veces sin ser conscientes de ello. Desde mi punto de vista, veo bien que una persona manifieste la condición de ser hombre o mujer, esto es algo que no tiene que molestar a nadie y es un asunto personal e individual. Por el contrario, me repatean la cantidad de comentarios estúpidos que se pueden llegar a hacer relacionados con estos roles y esto como mejor se ve es con ejemplos y situaciones. ¿No hemos estado alguna vez con el grupete de amigos y llega ese momento en el que por alguna razón tenemos que transformarnos en súper hombres y demostrar algo que ni siquiera sabes qué es? Por ejemplo, algo muy tonto y sencillo. Estás caminando con tus colegas y por algún motivo que desconozco te encuentras con un salto de unos dos metros y pico, os paráis a pensar qué hacer porque no hay muchas alternativas y si queréis continuar tenéis que saltar o encontrar la forma de salvar dicho obstáculo.  Bien, posiblemente al que le hayan inculcado más el rol de “hombre” le diga a las chicas del grupo que se plantean saltar que no lo hagan porque se harán daño y este mismo individuo salta para demostrar su ego e impulsado por “¿A que no hay huevos?”. Al margen se encuentran las personas libres de estos roles y que en su “cobardía”, o sensatez, demuestran ser valientes porque actúan de forma contraria a lo que se espera de ellos. Con este ejemplo quiero escenificar lo que sería la sociedad de hoy en día, puesto que, en cuanto a los estereotipos, hay personas más o menos influenciables y posiblemente las personas libres, en este sentido, hayan recibido una educación que no les priva de libertad para deshacerse del trágico destino de ser un “caballero” o una “señorita”, por supuesto dichas las palabras entre comillas con tono sarcástico. Por tanto, las tornas deberían cambiar y deberíamos responder a estos estereotipos de la siguiente forma. ¿A que no hay huevos de actuar libremente, de desarrollar una personalidad propia, de ir en contra de la corriente de opiniones de la gente? ¿O es que acaso tenemos miedo de parecer débiles al verse quebrado ese halo de masculinidad que en realidad es débil? Fuerte es la masculinidad que uno lleva por dentro por el simple hecho de ser hombre, de igual modo con la feminidad de las mujeres, y que hace absolutamente lo que les da la gana sin que nadie las pare.

Para concluir, como siempre el camino correcto es una buena educación con principios de libertad, pero libertad de verdad, no de la que se pide sin haber un motivo muy vistoso, justicia y, sobre todo, respeto. Importante no olvidarte nunca quién eres, de tus valores y pensamientos, de tu moral y ética que te lleva a actuar y hablar de una forma con la que tú te sientes cómodo y tranquilo porque hay que tener muy claros los conceptos de individuo y sociedad, ya que son cosas totalmente distintas que a veces se contraponen.

                                                                                             Juan Francisco López Rojo. 2º Bach. A

Ni machista ni feminista

 Cuesta admitir que eres machista y es aún más difícil aceptar que el machismo te acompañará toda la vida. En un momento histórico donde la igualdad lucha por imponerse a la primacía de tan solo la mitad de la humanidad, esta palabra se ha convertido en uno de los mayores tabúes de la sociedad. Pero seamos francos, hemos sido educados en un sistema donde los micromachismos se dicen sin pensar y donde las mujeres todavía son el sexo débil.

“Yo no soy machista ni feminista, yo creo en la igualdad”. Creo que nuestro problema se remonta a los inicios, pero no históricos sino lingüísticos. Debemos aclarar algunos conceptos básicos para que todo empiece a cobrar sentido. Primero de todo, el feminismo no es lo contrario del machismo, es un movimiento que persigue la igualdad de derechos y condiciones entre el hombre y la mujer. Y dicho esto, ¿sigues estando seguro de que no eres feminista y tampoco machista?

“Pero, ¿cómo voy a ser machista yo?, si hasta ayudo a mi mujer en casa”. No sabía que la casa era solo de tu mujer y que tú eres un simple invitado. Tal vez si hay que limpiar, no sea un asunto solo suyo y que ayudar no sea el término adecuado, podríamos sustituirlo por colaborar equitativamente. Porque el manual de la perfecta casada se quedó obsoleto hace mucho tiempo.

“Pero qué exageradas que sois, ¿es que no sabéis lo que es una broma?” Claro que sabemos lo que es una broma, el problema de ellas es que siempre tienen una parte de verdad y eso de putas…Y por mucho que te cueste creerlo, no, hoy no estamos con la regla.

“No, si yo aunque haga bromas machistas, respeto mucho a las mujeres”. Creo que el respeto no se basa solo en palabras amables de vez en cuando, en regalos o en abrirle la puerta a la dama para que salga primero. Es una cuestión de igualdad, de no considerarse un ser superior y de entender que en esta sociedad no solo es importante la opinión de la mitad, porque sin la otra media, el mundo se para.

“Mujer tenía que ser”, “mujer al volante, peligro constante”. Dícese de aquel comentario empleado principalmente en accidentes automovilísticos provocados por mujeres, aunque su uso se puede ampliar para cualquier ámbito tanto laboral como personal. Y sí, mujeres teníamos que ser, mujeres cansadas de comentarios que solo favorecen a ampliar esa desigualdad que quieren hacernos creer que solucionamos hace mucho tiempo y a aumentar los prejuicios de una sociedad donde las apariencias lo son todo.

Porque si lo que queréis es guerra, vamos a pelear como niñas.

 

                                                                       Nuria Lozano Lozano y Teresa Gento Padilla 2º Bach B


MÚSICA, CON “M” DE MUJER

 Desde hace siglos, el ser humano ha buscado consuelo en la música. Para alabar a un dios, para expresar sus más íntimos sentimientos o para vivir de ella. Como ABBA dijo en una de sus canciones: “¿Qué somos sin una canción o sin un baile?”, frase que describe con exactitud la importancia de la música en nuestras vidas.

Al ser pianista desde los ocho, mi conocimiento sobre la música clásica es amplio; pero mi edad, mis gustos, y la música que he escuchado desde pequeña, me han permitido abrir el abanico de “playlists” y conocer otros tipos de música más actuales.

En todos ellos, el papel de la mujer es fundamental y evidente.

 Las alabanzas al papel femenino están presentes en la música, usada casi siempre para conquistar y enamorar. En la música clásica, se componían piezas preciosas, duetos de violín o piezas para piano y casi todas ellas dedicadas a una mujer, a una enamorada. Además, la música era utilizada como base para recitales de poesía, otro arte cuyo fin solía ser elogiar a la mujer en todos sus atributos, viéndola como a una diosa o una musa.                                        

Actualmente, en casi todas las canciones contemporáneas, el papel de la mujer se ha degradado. Las letras de los poemas han pasado a ser aberraciones que solo hablan de la mujer como un objeto sexual, que “se abre de piernas” y que se deja hacer de todo, siendo así, sumisa. Y esto no solo se observa en las letras de las canciones, también en los videoclips, en los que la mujer; además de cumplir con los cánones de belleza, porque si no, ni siquiera aparecería en el video; ofrece su cuerpo con el único fin de llamar la atención del público masculino. Baila, pero bajo la merced del hombre que le sujeta las caderas. Y esto, lo ven miles e incluso millones de niños y niñas, que copian estos comportamientos y hacen lo que las letras dicen, como si se tratara de un mantra.

 Bajo mi trayectoria como músico y pianista, jamás había reparado en que no había piezas escritas por compositoras de música clásica. Beethoven, Mozart, Chopin… pero entre ellos, ninguna mujer; y hay muchos siglos de este tipo de música. En comparación con este número tan bajo o casi inexistente, la música actual sí que me lleva a pensar en grandes compositoras, cantantes y artistas que no solo triunfan y tienen éxito por su voz y sus letras; sino que utilizan toda su popularidad y la influencia que tienen para reivindicar el papel de la mujer. Adele nos ha demostrado que, aún no estando entre los cánones de belleza femenina, su mayor éxito no ha sido “bajar de peso”. Meghan Trainor y su canción “No!” reivindica el famoso lema “No es no” y nos lo recuerda, tanto a chicos como a chicas. Jennifer Lopez grita al mundo y a todos los hombres que no somos las madres de nadie y Rozalén abre la puerta a una esperanza violeta.

 Sin duda, la música es una herramienta para unir, para amar, reivindicar, para alzar la voz ante las injusticias; pero no para humillar a la mitad del mundo, para degradar sexualmente o para oprimir. El ser humano que la utilice para eso, se debería quedar sordo.

Cari Huerta Simón , 2º Bach. B

domingo, 8 de marzo de 2020

DESAPARECIDAS

Todo estudiante ha podido notar que los libros de texto están poco poblados por los personajes históricos femeninos, ya sean de historia, literatura o cualquier otra materia.

Entonces, la pregunta que se puede plantear es la siguiente: ¿Por qué no aparecen tantas mujeres como hombres en los libros de texto? Seguramente, haya una respuesta concreta.

La explicación es muy sencilla: razones culturales. Con esto me refiero a que, durante todo el transcurso de la historia, las mujeres han estado en segundo plano y si escribían o realizaban alguna hazaña digna de admirar no se le daba tanta importancia como si lo hiciese un hombre, por tanto, la gente que pudiese estudiar hace cien años no vería el nombre de todas esas mujeres por ningún libro de texto, y mucho menos lo verían las personas que no estudiaran. Toda esa gente que estudiaba eran los futuros editores, y como futuros editores pondrían en sus ediciones solo a hombres porque son los nombres que se conocerían.  Entonces, podríamos decir que es algo que se ha ido transmitiendo generación tras generación. Incluso, las propias mujeres hace algún siglo tenían que escribir sus obras bajo seudónimos para poder darlas a conocer.

Además  de que toda persona que haya logrado algo con cierta importancia merece un reconocimiento, también se pierde mucha cultura al no aparecer mujeres en los libros de texto. Todo problema requiere una solución, y en este caso la más sencilla es el reconocimiento de la mujer en el papel de la cultura. Lo digo como si fuera fácil porque cuando se trata de realizar algo de forma individual o en grupos pequeños aparenta sencillez, pero esto es un problema que tiene la sociedad y realizar algo en sociedad es más complicado, siempre será más difícil guiar un rebaño de cuarenta y cinco millones de personas que uno de cien.

Pongámonos en la piel de las personas que trabajan en una editorial, ¿estamos en ella? Vale, somos un integrante de un grupo de trabajo dedicado a hacer un libro de Lengua Castellana y Literatura para bachillerato. Imaginad que ya vamos por la Generación del 27 y no tenemos un límite de páginas, ¿qué más da poner apartados de autoras al igual que se hace con los autores? No creo que esto suponga un problema para los editores y editoras. Y ahora imaginémonos la misma situación de antes, pero esta vez tenemos que respetar un límite de páginas porque queremos hacer un libro de texto, no una enciclopedia. ¿No sería más justo explicar los principales autores, nombrar a los de menos peso concediéndole así un espacio justo a la mujer en cada una de las distintas materias?  El objetivo de esto es decir de otra forma que esto no es un problema personal que tienen los editores con las figuras femeninas importantes, sino un problema que tiene la sociedad en general, y es por eso por lo que no debemos culpabilizar a un sector, sino que debemos responsabilizarnos todos, ya que la cultura es de todos, aunque los libros de texto solo los hagan unas cuantas personas.

Como conclusión, destacaré la importancia que tiene que todos hagamos algo para cambiar las cosas, porque yo solo veo a gente que ni habla ni hace, a gente que habla y que no hace y a gente que no habla y que hace.

                                       Imagen creada por Ana García Cortés y texto por Juan Francisco López Rojo