Desde hace siglos, el
ser humano ha buscado consuelo en la música. Para alabar a un dios, para
expresar sus más íntimos sentimientos o para vivir de ella. Como ABBA dijo en
una de sus canciones: “¿Qué somos sin una canción o sin un baile?”, frase que
describe con exactitud la importancia de la música en nuestras vidas.
Al ser pianista desde
los ocho, mi conocimiento sobre la música clásica es amplio; pero mi edad, mis
gustos, y la música que he escuchado desde pequeña, me han permitido abrir el
abanico de “playlists” y conocer otros tipos de música más actuales.
En todos ellos, el
papel de la mujer es fundamental y evidente.
Las alabanzas al papel
femenino están presentes en la música, usada casi siempre para conquistar y
enamorar. En la música clásica, se componían piezas preciosas, duetos de violín
o piezas para piano y casi todas ellas dedicadas a una mujer, a una enamorada.
Además, la música era utilizada como base para recitales de poesía, otro arte cuyo
fin solía ser elogiar a la mujer en todos sus atributos, viéndola como a una
diosa o una musa.
Actualmente, en casi
todas las canciones contemporáneas, el papel de la mujer se ha degradado. Las
letras de los poemas han pasado a ser aberraciones que solo hablan de la mujer
como un objeto sexual, que “se abre de piernas” y que se deja hacer de todo,
siendo así, sumisa. Y esto no solo se observa en las letras de las canciones,
también en los videoclips, en los que la mujer; además de cumplir con los
cánones de belleza, porque si no, ni siquiera aparecería en el video; ofrece su
cuerpo con el único fin de llamar la atención del público masculino. Baila,
pero bajo la merced del hombre que le sujeta las caderas. Y esto, lo ven miles
e incluso millones de niños y niñas, que copian estos comportamientos y hacen
lo que las letras dicen, como si se tratara de un mantra.
Bajo mi trayectoria como músico y pianista,
jamás había reparado en que no había piezas escritas por compositoras de música
clásica. Beethoven, Mozart, Chopin… pero entre ellos, ninguna mujer; y hay
muchos siglos de este tipo de música. En comparación con este número tan bajo o
casi inexistente, la música actual sí que me lleva a pensar en grandes
compositoras, cantantes y artistas que no solo triunfan y tienen éxito por su
voz y sus letras; sino que utilizan toda su popularidad y la influencia que
tienen para reivindicar el papel de la mujer. Adele nos ha demostrado que, aún no estando
entre los cánones de belleza femenina, su mayor éxito no ha sido “bajar de
peso”. Meghan Trainor y su canción “No!” reivindica el famoso lema “No es no” y
nos lo recuerda, tanto a chicos como a chicas. Jennifer Lopez grita al mundo y
a todos los hombres que no somos las madres de nadie y Rozalén abre la puerta a
una esperanza violeta.
Sin duda, la música es
una herramienta para unir, para amar, reivindicar, para alzar la voz ante las
injusticias; pero no para humillar a la mitad del mundo, para degradar
sexualmente o para oprimir. El ser humano que la utilice para eso, se debería
quedar sordo.
Cari Huerta Simón , 2º
Bach. B